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Grand Manier

Grand Manier

Descripción

Desde el siglo XIX Los orígenes en el mundo de los destilados de la familia Marnier- Lapostolle se remontan a 1827, cuando Jean-Baptiste Lapostolle comenzó a elaborar licores de fruta en Neauphe-le-Château.

Desde el siglo XIX
Los orígenes en el mundo de los destilados de la familia Marnier- Lapostolle se remontan a 1827, cuando Jean-Baptiste Lapostolle comenzó a elaborar licores de fruta en Neauphe-le-Château. Unos años después, la nieta de Jean-Baptiste se casó con Louis-Alexandre Marnier, cuya familia elaboraba vinos en la región de Sancerre. Gran conocedor del cognac, Marnier tuvo la idea de mezclar el gran destilado francés con una rara variedad de naranja del Caribe y creó su famoso licor en 1880. Por cierto que el nombre de Grand Marnier se lo sugirió su amigo y afamado hotelero César Ritz. Pronto se convirtió en el licor de la alta sociedad y recibió numerosas medallas en concursos nacionales e internacionales. Hoy hasta se puede contemplar una botella en el Museo Titanic rescatada de aquel tremendo naufragio.

Una receta secreta

En el XIX, las naranjas eran artículos de lujo que se consumían sólo en ocasiones especiales. Gran Marnier es el resultado de combinar la complejidad y suavidad del cognac con el exotismo de la esencia destilada de naranja, según una receta que se mantiene aún hoy en el más estricto secreto. Se utiliza sólo una clase de naranja: una variedad exótica silvestre llamada Citrus Bigardia. Recogidas a mano en la plantación de Marnier-Lapostol en el Caribe, se cuartean mientras están verdes y en su máximo apogeo aromático. Las cáscaras se dejan secar al sol tropical y luego se maceran en un alcohol neutro que se destila para producir un concentrado aromático que es esencia pura de naranja.

En el corazón de Cognac

El otro ingrediente de Grand Marnier son los cognacs elaborados y envejecidos en la conocida región francesa del mismo nombre, en torno al Château de Bourg-Charente. Aquí se seleccionan y combinan los cognacs que entrarán en la composición del licor. Para valorar su importancia basta pensar en que la Societé des Produits Marnier-Lapostolle es el quinto mayor comprador mundial de cognac, al que suministran cerca de 200 destiladores de la región. Cuando llega el momento, el maestro bodeguero trabaja con una amplia variedad de cognacs para crear una combinación que equilibra perfectamente el sabor de la naranja tropical y a la que se añaden otros componentes secretos. El resultado de este ensamblaje envejecerá luego lentamente en barricas de roble francés.

Grand-Marnier Cordon Rouge, una experiencia para los sentidos

La botella de Grand Marnier, con su forma de alambique, sello de lacre, cinta roja y etiqueta marfil con letras góticas, casi no ha cambiado desde 1880 cuando fue creada por Louis-Alexandre Marnier Lapostolle. Durante más de 25 años ha sido el licor francés más exportado y hoy se vende una botella de Gran Marnier cada dos segundos en alguno de los 150 países en los que está disponible. De hecho, cada día se exportan más de 100.000 botellas.

Perfect serve.
Grand Marnier es toda una experiencia para los sentidos. Se recomienda consumirlo en copa degustación acompañando un postre o café, o sólo en copa de balón. Otras buenas opciones son probarlo con hielo (on the rocks) y, por qué no, ¡congelado! para un trago especialmente refrescante.

El rey de los cócteles.
Más allá de su consumo en solitario, Grand Marnier ha sido un ingrediente básico de los cócteles desde que se impuso su moda en Estados Unidos y Europa a partir de los años treinta. En 1933 Arthur A. Tarling ganó un concurso de barmans organizado en Londres con su famosa creación “Red Lion” a base de Grand Marnier, ginebra, zumo de naranja y zumo de limón. La lista de combinaciones posibles incluye tragos tan sofisticados como el Grand Citrus (con naranja), el Grand Cosmopolitan (con vodka, zumo de arándanos y zumo de limón), el Grand Margarita (con tequila y zumo de lima) o el Grand Mimosa (con champagne y zumo de naranja).

También en la gastronomía.
Adaptado como la bebida por excelencia para después de comer, Grand Marnier también hace gala de una notable diversidad culinaria. A principios del siglo XX el famosísimo chef Escoffier, padre de la cocina francesa moderna, elaboró el suflé Grand Marnier y los crêpes suzettes, hoy famosos en todo el mundo.

Nota de cata.
Aromas complejos a flores de naranja con acentos de ralladuras dulces de cítricos. Sabores de naranja amarga con matices de mermelada de naranja y avellanas. Final largo y armonioso.

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